Escondido viendo a mi hijastra ducharse
Lucía entra al baño sin saber que la estás espiando desde el pasillo, el vapor empañando el vidrio mientras se desviste despacio. Te muerdes el labio al ver cómo el agua resbala por sus tetas jóvenes, los pezones duros bajo el chorro caliente. Sabes que esto está mal, que no deberías mirarla así, pero no puedes apartar los ojos de su culo redondo cuando se agacha a enjabonarse. El deseo te quema la entrepierna mientras ella gime bajito, frotándose entre las piernas con los dedos. Te acercas sin hacer ruido, la polla ya dura como roca, y cuando ella se gira y te ve, sus ojos se abren de par en par. '¿Qué haces aquí?', susurra, pero no te detiene cuando te arrodillas frente a ella. Le separas las piernas con las manos, sintiendo cómo su coño caliente palpita contra tu boca. La lames de abajo arriba, saboreando su humedad, mientras ella se agarra a tu pelo y arquea la espalda. 'No deberíamos...', murmura, pero sus gemidos te dicen lo contrario. Le metes dos dedos mientras la chupas, sintiendo cómo su cuerpo tiembla. Cuando se corre, el agua arrastra su leche por tus labios, y te levantas rápido, empujando su espalda contra los azulejos. La levantas de las caderas y la empalas de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado te aprieta hasta las pelotas. '¡Dios, sí!', grita, clavándote las uñas en la espalda. La embistes fuerte, el sonido de la carne chocando contra el vidrio empañado. Cuando te corres, le llenas el coño con un chorro caliente, y ella se derrumba contra ti, jadeando. Al salir, ves tu semen escurrirse por sus muslos, mezclándose con el agua que sigue cayendo.