La cuñada de Lynnscream se deja follar a escondidas
La primera vez que la vi, supe que no podía resistirme a ese culo redondo y esa mirada de puta sumisa que me pedía a gritos que la dominara. Lynnscream estaba fuera, y eso solo significaba una cosa: mi turno para empotrar a esa zorra hasta dejarla temblando. La empujé contra la pared, le arranqué el short y le metí los dedos en el coño mojado mientras le susurraba al oído que iba a correrme en su boca si no se portaba bien. Ella gimió como una perra en celo, arqueando la espalda para que mi polla la penetrara de una estocada, hasta que las caderas chocaron contra su culo perfecto. Le ordené que se arrodillara y le chupara la verga a Nicord, que ya estaba duro viendo cómo su hermana gemía con mi polla enterrada en su garganta. La hice tragar cada gota de leche caliente, y cuando le di permiso, se sentó sobre mi verga como una yegua en celo, rebotando ese culo redondo hasta que le corrí dentro sin piedad. Al terminar, su cara estaba manchada de semen y su coño chorreaba mi leche, pero lo que más me gustó fue ver su tanga tirado en el suelo, empapado y arrugado como prueba de lo bien que la había follado.