Lupa se deja empotrar en un polvo de venganza
Lupa siempre fue la novia de tu mejor amigo, esa pelirroja de tetas enormes que te volvía loco cada vez que la veías. Pero hoy está aquí, de rodillas frente a ti, con los labios pintados de rojo alrededor de tu verga, chupando como si quisiera borrar cada recuerdo que tiene de él. Sientes cómo su lengua recorre el tronco, cómo sus dedos se entierran en tus muslos, cómo los gemidos vibran contra tu piel. La agarras del pelo y la obligas a tragársela entera, hasta que le caen las lágrimas, justamente por lo que le hizo a tu relación. Cuando ya no aguanta más, la levantas y la lanzas contra la pared, empotrándote de una estocada que la hace gritar. Cada embestida es un castigo, cada movimiento de cadera es un mensaje claro: esto es lo que se siente cuando alguien te quita lo que es tuyo. La penetras desde atrás, sintiendo cómo su coño mojado se aprieta alrededor de tu polla, cómo sus tetas rebotan con cada arremetida. Cuando está a punto de correrse, te detienes, la vuelves a mirar a los ojos y le susurras: '¿Te gusta que otro te folla mejor que él?'. Y entonces, sin piedad, te la clavas hasta el fondo, haciendo que su orgasmo estalle con un grito ahogado. Al acabarte dentro, le das una palmada en el culo y le dices: 'La próxima vez, asegúrate de que sea yo quien te la meta'