Yhivi lo vuelve loco con una mamada salvaje de garganta profunda
—Mira cómo me la chupo, Victor, y no puedes tocarme. Yhivi rio mientras balanceaba las caderas, su cuerpo menudo y sus tetitas pequeñas rebotando con cada movimiento. Llevaba horas provocándolo, desde la mañana cuando le mandó fotos con ese vestido ajustado que apenas cubría su culo gordo, pasando por el almuerzo donde rozó su mano contra la polla de él bajo la mesa, hasta ahora, en su habitación, donde se arrodilló frente a Victor Ray, mordiéndose el labio mientras lo miraba fijamente. Él gruñe, los dedos se clavan en el colchón, pero ella sigue jugueteando, succionando solo la punta de su verga antes de retroceder, dejando un hilo de saliva brillante. El calor le quema la cara, la saliva se mezcla con sus gemidos ahogados mientras ella presiona la lengua contra su glande, curvándola justo donde más lo enloquece. Victor la agarra del pelo, pero Yhivi se aparta riéndose, deslizando los dedos por sus bragas empapadas. —¿Ya te vas a correr, grandulón? susurra, pero esta vez no se aleja. Se la mete hasta el cuello del útero de una estocada, las lágrimas le escapan mientras el glande le golpea la garganta. Victor Ray grita, su polla se hincha, y ella no suelta, tragando cada gota mientras él se corre con espasmos violentos. Cuando al fin libera su boca, él está temblando, el pecho subiendo y bajando. Yhivi se lame los labios, satisfecha, mientras él solo puede mirar, con la polla aún dura, sabiendo que esta puta menudita lo va a volver a destrozar en cualquier momento.