La diosa Brianna humilla al sumiso con sus pies y su coño
—¿Crees que puedes aguantar lo que te voy a hacer, perrito?— le dije mientras me sentaba en el sofá, cruzando las piernas para que viera bien mis tacones. Keith Is Hard, el tipo que se creía todo un macho, se arrodilló frente a mí con la polla dura como una piedra, listo para que lo dominara. Le ordené que se quedara quieto mientras le pasaba las plantas de mis pies por el torso, sintiendo cómo su piel se erizaba al contacto con mis dedos. Mi coño ya estaba mojado de solo verlo tan sumiso, pero no iba a dejar que se corriera tan fácil. Le hice chupar mis pies, lamer mis dedos uno por uno, mientras yo me masturbaba despacio, disfrutando de su desesperación. Cuando ya no pudo más, le permití que me empotrara contra el sofá, pero solo después de que me prometiera que se correría donde yo le dijera. Y vaya que lo hizo: le hice montarme a horcajadas y, cuando estuvo a punto de explotar, le ordené que se sacara y me lo dejara todo en los pies. La leche caliente me manchó los dedos y los tacones, pero no me importó. Lo que sí noté después fue el rastro pegajoso que dejó en mi piel, como prueba de que había ganado la apuesta.