Soldado me empotró con su verga de 12 pulgadas hasta reventarme el culo
La habitación olía a sudor y lubricante, con la luz tenue de la lámpara iluminando los tatuajes en su espalda mientras yo me mordía los labios de anticipación. Llevaba días imaginando ese momento, desde que lo vi en el gimnasio con su uniforme ajustado, el bulto de su polla marcándose como una promesa. Cada vez que me miraba, sentía un escalofrío en el coño, pero él nunca se atrevía a hablarme hasta que una noche, en el bar, me susurró al oído: 'Quiero romperte el culo con esta verga'. Desde entonces, no pude pensar en otra cosa, tocándome cada noche imaginando cómo sería sentir esa polla gruesa dilatándome hasta el límite. Cuando por fin lo invité a mi casa, no perdí tiempo: me arrodillé y le chupé la verga con desesperación, sintiendo cómo se ponía más dura en mi boca, gruesa y palpitante. Él me levantó de golpe y me empotró contra la pared, metiéndome los dedos en el culo para abrirme antes de clavarme su verga de una estocada. Grité cuando me llenó por completo, sintiendo cada centímetro de esa polla monstruosa estirándome hasta el borde del dolor. El soldado me agarró de las caderas y me penetró con fuerza, sus embestidas profundas y brutales, mientras yo gemía sin control, el sonido de su piel chocando contra la mía resonando en la habitación. Me corrí una y otra vez, pero él no se detuvo, follándome más duro cada vez, hasta que sentí su verga hinchándose dentro de mí y su leche caliente inundándome el culo. Fue entonces cuando grité su nombre, '¡Hungry For Big Cocks!', mientras me llenaba hasta reventar, mi cuerpo temblando de placer y dolor al mismo tiempo.